Psicoterapia Gestalt
Terapia humanista individual¿Qué es la Terapia Gestalt?
En terapia individual me encanta trabajar con el enfoque gestáltico, por la forma práctica en que alivia tu vivencia actual desde el inicio de la terapia. El punto de referencia de la Gestalt es lo que sientes aquí y ahora. Este enfoque aporta ligereza a la terapia. En lugar de pasarnos sesiones enteras hablando y reflexionando sobre los problemas en tu vida, dejamos las razones y explicaciones a un lado y accedemos directamente a las sensaciones corporales, donde percibes aquello que con los pensamientos no logras comprender. Pues hay cosas que no puedes expresar en palabras. ¡Intenta describir un olor, un sabor, un amanecer o una vivencia en su totalidad, sin dejarte nada de lado! Es imposible, las sensaciones y emociones hablan un lenguaje tan intenso, que tu pensamiento no logra entenderlo. Cuando intentas contener una experiencia en palabras, se te escapa su esencia por todos sus poros. Y aquellas emociones provocadas por ausencias de cuidado, amor, deseo o reconocimiento hablan de un vacío que ni siquiera con el alma logras descifrar.
Las sensaciones y emociones hablan un idioma que la mente no entiende.
Es un vacío diferente para cada persona, pues esconde tu historia personal, los ecos de miedos, rechazos y abandonos del pasado, a veces tan dolorosos y desoladores que llenan tu vacío interno de ansiedad, rabia y soledad. Con las técnicas gestálticas logramos penetrar ese vacío y llenarlo de significado. El significado aporta coherencia, una comprensión profunda de esa realidad que te ha tocado vivir. Este paso, fundamental par que puedas habitar tu propia vida sin sentirte desbordad@, gradualmente transforma tu pasado en una historia lineal en tu vida, coherente con la persona en la que te has convertido con el paso del tiempo. Así vas llenando ese profundo vacío con nuevas sensaciones de tu auténtica realidad. Con esta ‘actualización’ consciente vas liberando la carga dolorosa tus recuerdos, hasta que pasan a formar parte de tu historia pasada – una parte integra de tu identidad. Liberando así tu presente puedes llegar a ser plenamente tú misma, tú mismo.
Así he sentido yo la Gestalt en mi vida y así la vivo día tras día en consulta. Con el enfoque en el aquí y ahora, combino una serie de técnicas dinámicas y creativas para desenmascarar los juicios mentales – todos esos ‘no puedo…, no debo…, tengo que…, por qué a mi…,’ que te impiden ser como realmente sabes que eres. Son pensamientos e ideas adquiridos en el pasado y proyectados hacia el futuro, que paralizan tu potencial actual. Pues la vida y los cambios suceden en el presente. Aquí se esconde la grandeza de la terapia Gestalt, a través de tus sensaciones aquí y ahora, durante la sesión de terapia aprendes a escucharte y a darte cuenta de lo que estás sintiendo. Esta profunda vivencia, libre de condicionamientos, abre un horizonte de posibilidades desde esta nueva perspectiva, la propia, más allá de tu incertidumbre, miedo y demás prejuicios inconscientes. Así accedes a tu propia verdad interna y, a medida que contactas con tus resistencias, en ellas encuentras la fuerza impulsora que te capacita a transformar tu situación actual, con tu propio potencial creativo. De pronto pasas de sentirte atrapad@ en tus circunstancias a ser el jugador, reconociendo de antemano los tramos complicados y aprendiendo a superarlos, en esta aventura que es tu vida.
El origen de la terapia Gestalt
El proceso terapéutico Gestalt tiene lugar en el aquí ahora.
La Gestalt más que una terapia es una forma de vida que se consolidó en los años ‘50 y ‘60 del siglo pasado. Su creador, Fritz Perls, comprendía la vida como algo en continuo movimiento, a lo que las personas nos vamos adaptando. Según Perls, nuestro organismo tiende a un estado natural de equilibrio interno, tanto emocional como corporal, llamado homeóstasis. Este estado de bienestar se interrumpe continuamente, tanto por necesidades del propio cuerpo como sed, hambre, frío, calor…, como por los deseos que emergen de nuestra interacción con el entorno, deseos de afecto, aceptación, reconocimiento, éxito… De forma natural, el organismo restituye el estado de equilibrio mediante la auto-regulación interna, que consiste en los seis pasos del ciclo gestáltico, descritos por Zinker como:
- A medida que van surgiendo los deseos y necesidades, pasan a ser una sensación.
- Cuando ésta se hace lo suficientemente fuerte, pasa al nivel consciente, que es cuando nos damos cuenta de la necesidad o
- Entonces nos energetizamos y nos preparamos para pasar a la acción, motivándonos e inconscientemente llevando energía a los mú
- Pasamos a la acción para satisfacer la necesidad o deseo, ya sea yendo a la cocina para beber un vaso de agua, hablando con una determinada persona, o lo que sea que implica la satisfacción de nuestro propósito.
- Contactamos con el entorno y satisfacemos la necesidad o deseo, es decir bebemos el vaso de agua o hablamos con la persona en cuestión…
- Una vez satisfecha la necesidad o deseo, nos retiramos y volvemos al estado de reposo equilibrado, cerrando así el ciclo gestáltico, hasta que surge el siguiente deseo, la siguiente necesidad.
Este ciclo gestáltico es la base de mi trabajo en consulta individual, combinándolo con los conceptos a los que Perls se refiere como fondo y figura. En el estado homeostático percibes un fondo ecuánime. Tus deseos y necesidades emergen de este fondo equilibrado y toman una forma o figura (en alemán Gestalt), que una vez satisfecho tu propósito vuelve a disolverse como parte del fondo, restituyendo tu estado emocional y fisiológico de equilibrio y reposo. Para poner un ejemplo, cuando vas a una fiesta o reunión para hablar con una persona en particular, al entrar en la habitación no te fijas en las personas presentes, sólo las miras por encima buscando a quien quieres encontrar. Al divisarla, su cara destaca de la multitud ecuánime, es decir que en tu mente pasa a un primer plano – se hace figura – mientras que el resto de personas pasan a un segundo plano, ‘no las ves’. Se convierten en una multitud que inconscientemente integras con ese fondo equilibrado de tu percepción mental, al que se refiere Perls. Una vez que has concluido tu interacción con dicha persona, tu atención empieza a enfocar conscientemente a las demás personas en la sala, hasta que surge tu siguiente necesidad o deseo y se repite este proceso inconsciente de fondo y figura.
Sin embargo, cuando por alguna razón no logras satisfacer tu necesidad (ya sea porque la persona en cuestión no está ahí, o algo te impide ir al evento, o no tienes los medios o capacidades necesarios para satisfacer tu necesidad, etc.,etc.), entonces esa figura queda inconclusa – no vuelve a integrarse con el fondo, impidiendo que regreses a tu estado de equilibrio y reposo interno. Según la importancia personal de tu necesidad o deseo, con el tiempo las figuras incompletas se van reintegrando con el resto de emociones de fondo (en gran parte a través de los sueños), o permanecen inconclusas y por tanto re-emergen y vuelven a hacerse una figura mental, cada vez que un estímulo las activa en tu memoria. Esta reactivación repetida de una figura incompleta va reforzando las sinapsis cerebrales que excita, creando un ‘atajo’ asociativo mental que siempre te regresa a ese mismo espacio mental perturbador. Así vas generando tu ruido mental, la cuna de tus dudas, incertidumbres e irritabilidad. Entonces tu organismo restituye su estado de equilibrio interno creando un mecanismo de defensa que bloquea esa conexión sináptica inconsciente y desestabilizante. Este mecanismo adaptativo de la consciencia restablece de forma ‘artificial’ tu equilibrio homeostático, impidiendo interferencias en el futuro. Lo que queda es un vacío en la experiencia, una ausencia de sentido.
Así pues, los mecanismos de defensa te permiten seguir adelante en situaciones difíciles y momentos de indecisión. En este sentido tienen una importante función protectora y adaptativa, al menos inicialmente. Por otro lado, si no los vas amoldando a las circunstancias cambiantes de tu vida, a la larga los mecanismos de defensa pueden convertirse en resistencias que te impiden alcanzar tus metas. Se convierten, a su vez, en las sinapsis cerebrales que generan tu confusión mental, ansiedad, rabia y soledad.
Las exigencias, los prejuicios, las creencias y demás mandatos externos son los principales condicionamientos sociales que interfieren con tu impulso y capacidad naturales de satisfacer tus necesidades. A través de las expectativas y mecanismos de defensa que activan en tu mente, te desconectan de tus auténticos deseos y emociones. Con el tiempo, estas resistencias crean esa profunda sensación de vacío.
Esas situaciones que no resuelves y se convierten en un patrón en tu vida, en terapia nos señalan un posible impasse, un momento en el que, desde tu mas tierna infancia, no recibiste el apoyo externo que necesitabas para resolver una situación estresante. Como el niño o la niña que eras entonces no pudo aprender las habilidades necesarias para solucionar esa situación (es decir para cerrar esa figura mental), esa situación permanece marcada en tu inconsciente como irresoluble, alimentando el vacío de tu trauma. Un impasse es un bloqueo mental que de adulto inconscientemente te pone en estado de alerta, o de shock. Entorpece tu avance ya que, más allá de ese punto subconsciente al que estás reaccionando (de esa figura incompleta), inconscientemente no hay mas que un gran vacío, un miedo existencial – esos ecos caóticos del pasado que tus mecanismos de defensa no te permiten percibir conscientemente, por temor al terremoto interno que pudieran ocasionar la rabia, el dolor y la soledad reprimidas. He aquí la importancia del foco gestáltico en la emoción, y en adaptar esos viejos mecanismos de defensa a tu situación actual. De lo contrario, por mucho que tu realidad presente ya no se corresponda con la de antaño, seguirás sintiendo subconscientemente esas viejas heridas – y así perpetuándolas – siempre que en el presente percibas un estímulo mental asociado.
Este es el bucle perverso y sin salida en el que te pueden atrapar los mecanismos de defensa. Por muy estable y segura que sea tu vida en la actualidad, subconscientemente traen una y otra vez vivencias estresantes del pasado a tu presente, manteniéndote así en un estado permanente y agotador de estrés y ansiedad. Sin siquiera darte cuenta, la vida acaba convirtiéndose en una mera lucha por la supervivencia – un sometimiento a tu tiranía mental, carente de sentido ni libertad personal, a medida que empiezas a recubrir tus vivencias con aquellas ‘etiquetas’, condicionamientos y expectativas sociales abstractas y generalizadas, que más resuenan con tu historia personal.
El proceso terapéutico de la Gestalt tiene lugar en el aquí y ahora de la sesión, al ir completando esas figuras no resueltas, a medida que accedes conscientemente a las sensaciones retenidas en tu impasse traumático – en esa fortificación emocional salvaguardada por tus mecanismos de defensa. Rastreando hasta su origen las emociones que van emergiendo en consulta, estas nos llevan a las situaciones perturbantes del pasado, permitiendo así una comprensión de los miedos y necesidades reprimidos por tus sinapsis mentales. El siguiente paso es encontrar formas alternativas de resolver las situaciones insatisfactorias en tu vida, dentro del entorno seguro de la consulta y con el apoyo terapéutico. Cuando encuentras tu propia forma de afrontar esos impasse ahora, de adult@, uno a uno esos detonantes empiezan a desaparecer, desintegrándose así sus mecanismos de defensa. Las figuras fantasmagóricas que te estuvieron persiguiendo toda tu vida, dejan entonces de afectar tu presente, libertándote para actuar de formas que antes creías imposibles. Esas emociones tan familiares de ansiedad y frustración y sinsentido se van transformando en una vivencia interna de coherencia y paz. De ahí la importancia del aquí y ahora en la terapia Gestalt.
¿Que son los mecanismos de defensa?
En resumen, los mecanismos de defensa son aquellas estrategias que desarrollas, a nivel inconsciente, para protegerte de ciertas emociones perturbadoras o estresantes. Por tanto estos importantes mecanismos adaptativos aseguran que tu mente regrese a un estado de equilibrio y reposo, garantizando así que puedas seguir adelante con tu vida. A largo plazo, sin embargo, al inhibir el impulso motivador propio de la emoción que reprimen, pueden convertirse en resistencias que te impiden tomar la responsabilidad y determinación necesarias para resolver situaciones insatisfactorias, en las que te sientes atrapad@.
Las exigencias, prejuicios, expectativas, creencias, convicciones y demás condicionamientos sociales toman entonces el control, empujándote a actuar de una forma ‘artificial’ y predeterminada. Inconscientemente, empiezas a ‘rellenar’ y remplazar tu vacío existencial con una proyección espectacular de ideas y expectativas preconcebidas, mientras tus verdaderas emociones y dolor quedan más y más enterrados y aislados en la inconsciencia. Poco a poco, vas perdiendo tu capacidad impulsora innata de alcanzar tus metas personales con motivación, alegría y asertividad.
Los mecanismos de defensa controlan tus acciones, al inhibir el impulso motivador propio de las emociones que reprimen.
Dependiendo de la etapa del ciclo gestáltico en la que surgió el impasse (ver la sección ‘El origen de la Gestalt’ de más arriba), existen los siguientes mecanismos de defensa, que luego cada uno manejamos de forma individualizada:
Represión:
Es el mecanismo de defensa más inconsciente de todos. Impide sentir deseos o necesidades vinculados a algo traumático o socialmente inaceptable. Al no haber ninguna sensación directa de ese algo perturbador, es muy difícil tratarlo en consulta. Especialmente aquí la Gestalt es de gran utilidad, por su trabajo con el vacío, con aquello para lo que no hay palabras, llenándolo gradualmente de significado. En su aspecto positivo la represión permite que una persona con experiencias traumáticas siga adelante con su vida. En su aspecto negativo el individuo no puede comprender qué le está pasando, ya que no es capaz de percibir la sensación. Este mecanismo de defensa reprime principalmente conductas agresivas y sexuales.
Proyección:
Sucede con aquellos deseos y necesidades que son considerados social o personalmente como inaceptables. Son sensaciones que el individuo pre-conscientemente ‘proyecta hacia fuera’, para evitar sentirse inadecuado. Por tanto no percibe estos deseos o pensamientos como propios, sino que los identifica en otras personas o situaciones. En su aspecto positivo la proyección permite empatizar con el otro. Su aspecto negativo es que, en la medida en que el individuo no reconoce como propia la sensación a la que está reaccionando, se desconecta de su propósito personal y se va des-personalizando – vamos perdiendo nuestro sentido de dirección personal en la vida. Las proyecciones pueden provocar síntomas como ansiedad, pánico o paranoia.
Intelectualización o Racionalización:
Se da cuando la persona no siente sus emociones, sino que las racionaliza, hablando sobre ellas y dando razones y explicaciones objetivas.
Introyección:
Son una serie de mandatos internos de tipo ‘debes de…’, ‘no puedes…’, aprendidos inicialmente en la infancia y que la persona se ha creído y ha tomado como propios. Estos pensamientos bloquean al individuo, ya que interfieren con sus auténticas capacidades, necesidades y deseos. En su aspecto positivo los introyectos son imprescindibles, pues son los cachos de información con los que formamos nuestra identidad. En su aspecto negativo aquellos que no se corresponden con nuestra forma natural de ser, nos impiden desarrollar nuestra verdadera personalidad. Los introyectos pueden provocar síntomas como rigidez, dificultad para conectar con las emociones, depresión, comportamientos posesivos u obsesivo-compulsivos.
Proflexión:
Consiste en hacerle al otro lo que la persona desea que el otro le haga a ella. Es una forma de manipulación seductora de tipo ‘¿a que te apetece ir al cine?’, halagar para ser halagado o ser siempre simpático indiferentemente de nuestro verdadero estado de ánimo.
Retroflexión:
En esta forma de auto-agresión, el individuo dirige hacia si mismo aquellas emociones negativas que le agitan por dentro, pero que no es capaz de expresar hacia fuera. En esa lucha entre el impulso de hacer y la contención del acto, el individuo puede perder su relación con el mundo. Como aspecto positivo, hasta cierto punto la retroflexión es sana y necesaria para socializar. Dependiendo de la situación, por ejemplo es mejor contener la rabia, en lugar de iniciar una pelea. Cuando la personas se contiene en exceso, como aspecto negativo pierde su espontaneidad y se bloquea a la hora de actuar. La retroflexión puede provocar síntomas como culpa, narcisismo, problemas digestivos como úlcera de estomago y otros trastornos psicosomáticos.
Deflexión:
Provoca que la persona actúe a nivel superficial, sin estar en contacto con lo que está pasando realmente. A diferencia de la retroflexión, aquí la persona pasa a la acción, pero lo hace dando rodeos en lugar de afrontar la situación. Como aspecto positivo la deflexión es una forma de protección en situaciones de gran exposición, por ejemplo a la hora de dar un discurso. También aporta la capacidad de tratar asuntos con diplomacia. Su aspecto negativo es la manipulación como forma engañosa de lograr los propósitos, conllevando a una incoherencia interna a nivel fisiológico. Puede provocar síntomas como risa nerviosa, verborrea, despiste, enfadarse o llorar con facilidad, apatía, pereza, idealización o negación.
Desensibilización:
Es una forma agudizada de deflexión, en la que la persona se distrae manteniéndose siempre ocupada, para así no ser consciente de sus sensaciones. Los síntomas pueden ser rigidez corporal o respiración superficial. Un síntoma típico y a la orden del día en la sociedad actual es el TDAH (Trastorno por déficit de Atención e Hiperactividad).
Negación de lo obvio:
Es otra forma agudizada de deflexión, con la que el individuo niega aquello que le hace sufrir o le altera. Como aspecto positivo permite sobrellevar situaciones difíciles y traumáticas. Su aspecto negativo es la negación de la realidad y la incapacidad de aceptar que todo tiene un final, con lo cual la persona se mantiene al margen de relaciones sentimentales o de aquello que le hizo sufrir, para evitar volver a sentir ese dolor.
Egotismo:
Con este mecanismo de defensa el individuo esquiva el contacto, poniendo la atención en si mismo. Así permanece en su espacio conocido, protegido de cualquier experiencia nueva que le pueda perturbar. Dentro de esta burbuja mental puede mantener la sensación (o mas bien la ilusión) de control, aislado de lo que realmente está sucediendo en su entorno. El aspecto positivo del egotismo es la capacidad de auto-observación. Su aspecto negativo es la incapacidad de ver al otro. Como síntoma destaca el narcisismo.
Confluencia:
Aquí el individuo evita sentir el dolor de la separación, intensificando el contacto. Pierde la conciencia de sí mismo y sólo existe en función del otro. Al no poder retirarse y percibir el límite entre si mismo y el otro o el entorno, no es capaz de diferenciar dónde acaban sus propias necesidades, sentimientos y deseos y dónde empiezan los de los demás. Confluye para no verse a sí mismo y no sentir sus propias emociones dolorosas. El aspecto positivo de la confluencia es la capacidad de empatía y amor universal que proporciona. En su aspecto negativo genera falta de independencia y de responsabilidad. Los síntomas que provoca tienden a ser una dificultad patológica de separarse, despedirse o concluir algo.
Como nota final quiero recalcar la importancia de contemplar estos mecanismos de defensa con una actitud libre de juicios. Como su nombre indica, son actos primordialmente inconscientes, que compensan una necesidad de seguridad. Cualquier tipo de critica tiende a desencadenar su impulso reactivo de protección, reforzando así el mecanismo. Si los detectas interactuando con otras personas, te recomiendo – como forma constructiva y sanadora de utilizar esta lista de mecanismos de defensa – que los retro-proyectes de vuelta hacia ti mism@, ya que en la medida en que los percibes ‘ahí fuera’, suelen estar relacionados con algo propio.
¿Cómo trabajo desde la Gestalt?
Gestalt transforma ese rompecabezas que forma tu ruido mental en una aventura creativa y liberadora.
Perls desarrolló la Terapia Gestalt y sus técnicas a partir de otras escuelas terapéuticas. Del Psicoanálisis de Freud, por ejemplo, derivó el ponerle conciencia a la mente para lograr que emerjan las necesidades, formándose así las figuras inconclusas. De la meditación Budista origina el darle más importancia a las emociones que a las ideas, así como el reconocimiento que lo más difícil es hablar de los temores. De la Bioenergética de Reich tomó la idea de que nuestra manera de defendernos a nivel psicológico queda grabada en nuestro cuerpo biológico, generando los bloqueos emocionales que refleja nuestra psicosomática. Incluso el concepto de homeóstasis, la base del trabajo gestáltico, proviene de la biología. Otras técnicas las desarrolló Perls mismo, la más representativa siendo la silla caliente y su tiranía de ‘los debo-tengo del perro de arriba y de abajo’.
En esencia, las sesiones gestálticas son una aventura creativa y liberadora, mediante la cual vas recuperando tu capacidad de gestionar tu vida satisfactoriamente, a medida que redefines tu propia identidad, y con ello tu historia personal. Quizás lo más característico de la terapia Gestalt es la forma sorprendente en que vamos improvisando e incorporando diferentes técnicas – así como cualquier emoción, pensamiento o acontecimiento inesperado que surja durante la sesión – para aumentar tu consciencia del momento presente. Así, paso a paso, vas comprendiendo el cómo y por qué de tu estancamiento y encuentras formas más auténticas de ser tú mism@. Logramos esto con los tres principios gestálticos:
- Atención plena – dándote cuenta de los hechos, sin juicios ni evaluaciones. Con este paso identificamos tus mecanismos de defensa, a medida que van emergiendo como reacción a tu vivencia durante la sesión, en tu espacio seguro de terapia.
- En el presente – en contacto con tus sensaciones. Aquí contactamos con tu impasse, ese momento impactante en tu pasado, en el que no encontraste en tu entorno el apoyo que necesitabas.
- Toma de responsabilidad – comprendiendo y aceptando, sin juicios, las consecuencias de tus pensamientos, palabras y acciones o no-acciones. Este principio te lleva a una comprensión más global de los factores que originaron tu incapacidad de resolver determinadas situaciones. La toma de responsabilidad te empodera, al permitirte dejar de culpar factores externos – que no puedes cambiar, ya que no dependen de ti – facilitándote así encontrar tus propios recursos creativos con los que resolver tu problema. Conlleva una aceptación de la falta de respuesta del entorno, lo cual a su vez te libera de la carga emocional que supone la culpabilización y la rabia. Así, una a una, vamos completando en consulta las figuras incompletas que te están impidiendo regresar a tu estado interno de bienestar y equilibrio. La responsabilidad te devuelve tu habilidad de responder asertivamente a lo que acontece aquí y ahora, como la palabra propiamente indica.
Con esta curiosidad exploradora encuentras la forma de salirte de esos bucles mentales automatizados de culpabilización y prejuicios, con los que inconscientemente justificas y te enquistas en tus callejones sin salida mentales – esa sensación de estar atrapad@ y no avanzar, que todos hemos sentido alguna vez que otra. Esta nueva perspectiva te hace comprender tu ruido mental (esos ecos desestabilizantes de tus expectativas) como un recordatorio de que siguen ahí las emociones reprimidas por tus mecanismos de defensa (toda esa rabia, culpa, vergüenza, resentimiento, reproche, arrepentimiento…), que a la larga dan lugar a un estado generalizado de inquietud, ansiedad y vacío existencial. Poco a poco, en esta aventura gestáltica vas encontrando tu propio universo de posibilidades para transformar la falta de sentido, ilusión y motivación en nuevas formas de manifestar la vida que deseas.
¿Qué herramientas utilizo en terapia Gestalt?
El trabajo gestáltico aumenta tu consciencia de cómo te sientes aquí y ahora, a través de una bellísima combinación entre tus percepciones corporales, tu imaginación y una serie de ejercicios que te conectan con las auténticas necesidades y deseos de tu vivencia interna.
Todos esos pensamientos y comentarios superficiales, las excusas y necesidades compulsivas, las expresiones hechas y conversaciones filosóficas basadas en juicios, racionalizaciones y explicaciones intelectuales – muy convincentes y entretenidas, pero vacías de sentido o sentimiento personal – eso es lo que te mantiene en un plano teórico, desconectad@ de tu esencia y de tu verdadero potencial.
‘Jugando’ a darles diferentes formas a tus sensaciones, durante la consulta gestáltica empiezas a comprender. Vas descubriendo tu propio significado y cómo expresarlo en palabras, a medida que re-direccionamos tu dialogo interno hacia darte cuenta de cuándo y cómo es que te desconectas de tus emociones.
Gestalt es un juego intuitivo de darles forma a tus sensaciones, para explorar tu significado personal y la forma de expresarlo en palabras.
En este sentido, la base de los ejercicios Gestalt son los juegos de roles, con los que exploramos los diferentes roles que desempeñas en tu vida: como amig@, hij@, herman@, padre o madre, en tu tiempo de ocio, en el trabajo, cuando estás a solas… Los seres humanos somos un conglomerado de roles que forman nuestra identidad. Explorando tus diferentes roles, sobre todos aquellos que tiendes a evitar en tu día a día, aumentas tu ingenio para cambiar coherentemente tu actitud mental en situaciones difíciles. Y cuanta más flexibilidad, mayor capacidad de adaptarte y encontrar soluciones exitosas y gratificantes. Con este fin, la silla caliente es la herramienta gestáltica que terapéuticamente más a fondo llega, al trabajar directamente con tus mecanismos de defensa. Estas polaridades protectoras están formadas por pares de proyecciones opuestas. Al enfrentarlas a través del juego de roles, accedes a una comprensión profunda de los condicionantes mentales contradictorios en los que, inconscientemente, estás atrapad@. Esta técnica es una forma bellísima y muy sanadora de tratar las enfermedades a nivel psicológico. Luego están los cuentos, con los que podemos identificar, de una forma llena de magia, aquellos sentimientos de la infancia que están afectando tu presente. Los sueños son una mina de oro para hallar las claves de cómo salir de la situación en la que te sientes atrapad@. Con la Gestalt incluso trabajamos el no-sueño. Cuando no recuerdas tus sueños, puede tener que ver con un profundo vacío existencial o un trauma. El no-sueño nos aporta pistas de cómo acceder a ese miedo doloroso tan complicado de identificar con el razonamiento. La carta de despedida facilita el cierre, es decir, la superación del duelo y de otras pérdidas o finales abruptos. Utilizo el dibujo para sacar tu lado creativo, que es tu mejor aliado cuando las cosas se complican, y las visualizaciones para romper tus límites mentales y que, así, vivencies la espontaneidad del presente. Nos aliamos con el cuerpo para el manejo consciente de los límites – un factor esencial en tu crecimiento personal. Tu cuerpo es el límite natural entre ti y tu entorno. Con movimientos corporales, respiraciones y otros ejercicios que aumentan tu conciencia fisiológica, desarrollas una certeza intuitiva sobre tus sensaciones y el grado de distancia o cercanía que necesitas en cada momento. Así consolidas no sólo tu conciencia de ti y de tu entorno, también tu confianza en ambos. Pero mi herramienta gestáltica preferida son las fantasías guiadas, por la forma sutil de elaborar la tristeza, los miedos y los asuntos pendientes que llevas a rastras, a veces sin siquiera darte cuenta. Hay un sinfín de ejercicios que transforman la consulta Gestalt en un espacio ameno, interesante e incluso divertido.
¿Cómo te beneficia la terapia Gestalt?
Aprende a elegir cómo actuar, en vez de simplemente reaccionar.
(Claudio Naranjo, La Vieja y Novísima Gestalt; actitud y práctica de un experiencialismo ateórico, Ed. Cuatro Vientos, Santiago de Chile, 1990, p. 22)
En resumen, la finalidad de la terapia Gestalt no es lograr un cambio, sino desarrollar la habilidad de mantener tu atención en el momento presente, en contacto contigo mism@, con tu entorno y con aquello de lo que eres directamente responsable y por tanto puedes cambiar. Así retomas las riendas de tu vida, al poder elegir cómo actuar, en vez de simplemente reaccionar.
Como dice Claudio Naranjo, uno de los principales representantes de la Terapia Gestalt de habla hispana, las técnicas gestálticas trasladan la atención desde fuera, desde la preocupación por las exigencias y por la auto-imágen, hacia dentro, hacia tu vivencia interna en tu situación actual. En terapia no hablamos ‘sobre’ lo que te está pasando, pues los razonamientos, explicaciones y justificaciones llevan la atención y la responsabilidad hacia fuera, o hacia una realidad pasada o futura, desde donde no es realmente posible cambiar nada, dificultando y ralentizan así tu proceso terapéutico.
Es por esto que en Gestalt hablamos desde la vivencia de ser tú mism@ aquí y ahora – lo que Perls llamaba el ‘is-ness’. Desde aquí, contactando con Tu Verdad, puedes responsabilizarte de tu propia vida. Citando a Claudio Naranjo, «La responsabilidad (…) no es un deber, sino un hecho inevitable» 1, pues lo que hacemos, pensamos y decimos es nuestro. Fritz Perls reivindica que sólo puedes ser aquí y ahora. Cuando estás en contacto con lo que acontece en el momento presente, siempre se produce un cambio en ti. Así es como vas ampliando tu repertorio de conductas y adquiriendo más recursos, con los que realizar los cambios que deseas, de forma natural y coherente con tu verdadero ser.
Cuando utilizo la terapia Gestalt:
Cuando sientes que tu vida ya no te emociona, sino que mas bien te pesa. Si has perdido tu creatividad – tu habilidad de encontrar soluciones a tus problemas – y te sientes atrapad@ en situaciones o estados anímicos recurrentes.
En caso de:
- Estrés, angustia, ansiedad, soledad, depresión, problemas de autoestima, falta de motivación, miedos y fobias, TEPT,
- Formas insatisfactorias de comunicación o comportamiento, problemas en la forma de relacionarte, celos, agresividad, violencia de genero, vida sexual insatisfactoria, , etc.
- TDAH, consumo de alcohol y drogas, adicciones, síntomas psicosomáticos y determinados síntomas crónicos como tics nerviosos, migraña, problemas cutáneos, trastornos de la motricidad, dificultades respiratorias, ataques de pánico, trastornos de la alimentación o del sueño, problemas digestivos, etc.
- Orientación laboral, situación laboral precaria, desempleo, jubilación, etc.
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