El más íntimo y frágil de los sentimientos
de Robert Neuburger
Reflexiones sobre mi traducción del libro al español
Conocí la obra de Robert Neuburger hace años. Su pensamiento ha influido profundamente en mi forma de comprender el sufrimiento humano, y sigue acompañándome hoy a través de sus supervisiones clínicas.
Realicé la traducción de Existir El más íntimo y frágil de los sentimientos de manera voluntaria y sin ánimo de lucro, con el propósito de acercar su trabajo a lectores hispanohablantes. La traducción del libro al español ha sido una experiencia transformadora para mi, una comprensión profunda del significado de ‘Existir’ como el derecho a ser como soy, como eres, tal como somos, por nuestra propia valía. Es esa sensación de tener el permiso de ocupar el espacio que ocupas. Y no es algo que se dé de por sí, implica ganarte el derecho a ocupar tu espacio. Es un permiso que, ante todo, has de darte tú a ti mismo, a ti misma. Implica estar, manifestar, llenar el lugar que ocupas, tu lugar en el mundo. Para aquellas personas que en su infancia han sido vistas, es decir reconocidas, como individuos con voz e ideas propias, esto se da de forma natural. Pero lo que para algun@s puede parecer evidente, para muchos no lo es. Aquí brota en mi una pregunta que considero esencial: ¿Qué significa realmente existir?
Cada cual preserva su propio derecho a existir como puede. Esta labor implica definir y delimitar quien es ese ‘yo’ que soy, con la certeza de que no necesito justificarme, pues tengo derecho a ser, por el mero hecho de haber nacido. La esencia de la socialización es precisamente proteger este derecho de cada uno a ser como somos en nuestra esencia, en nuestras diferencias. Las normas y leyes, en su origen, tienen esta función de preservar la existencia de cada uno, hasta ahí donde empieza el espacio del prójimo. Ya en los tiempos de Moisés, los diez mandamientos no eran más que unas leyes para proteger el derecho a existir de cada uno, sin que se lo pueda arrebatar el vecino. El cristianismo, a su vez, ha sido la forma en que nuestra cultura occidental nos ha hecho responsables de nuestros propios actos, de lo que hacemos con nuestra vida. Fue el inicio de la conciencia del yo como dueño de mis actos, conciencia de que existo, luego actúo y con ello cambio mi entorno y cambio mi vida – el derecho a existir dentro de un entorno, de una sociedad, el derecho a convivir.
Curiosamente, de los diez mandamientos, siete están formulados en forma de ‘no…’, de prohibición. El ‘no’ frena, me para y me mantiene ahí donde estoy; por si acaso, porque quizá si doy un paso más, meto la pata, lo hago mal… Con el ‘no’ tiende a aparecer la presión inconsciente por no hacerlo mal, la cual alimenta ese miedo que nos lleva a defender o ceder nuestro espacio. En esta reacción sináptica polarizada, el rol de víctima va generando gradualmente esa sensación de no existir, tan típica de la depresión y del vació existencial. Quien sabe, quizá si los diez mandamientos hubieran sido formulados en positivo (remplazando el ‘no robarás…, no codiciaras…, no matarás…’ por ‘Sí, respetarás la vida y a tu prógimo’) la evolución de nuestra sociedad habría sido diferente? Pues el ‘sí’ nos da la fuerza para levantarnos tras cada caída y seguir caminando, definiendo nuestra existencia. ¡El derecho a existir es un gran Sí a nosotros mismos y a la vida!
El libro ‘Existir, El más íntimo y frágil de los sentimientos’ de Robert Neuburger es un gran Sí, un bálsamo para nuestro sentimiento de existir. En la sociedad actual, en la que hay tanta lucha por el derecho a ser como cada uno es, tantos movimientos y manifestaciones por la igualdad, el feminismo, el movimiento gay, la aceptación del cuerpo más allá de una imagen idealizada…, la traducción de este libro me ha llevado a entender muchos de estos movimientos contemporáneos como un reflejo de la lucha por el derecho a existir de cada una, de cada uno, tal como somos.
En este libro, Robert Neuburger va al grano. Con una sensibilidad conmovedora ahonda en lo que es el sentimiento de existir, devolviéndonos nuestra dignidad, reparando nuestra alma ahí donde ha sido truncada por un otro que extendió su derecho de existir más allá de su espacio. ¿Podría ser que toda esa agresividad e incoherencia que vemos hoy en los medios y en la sociedad, en el fondo no es mas que la voz de un sentimiento de existir herido?
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